Primer Certamen Literario Antanes

1º PREMIO
ENSAYO DÍA DEL LIBRO-
Blanca Menéndez del Fresno. 4º ESO
Parecía que caminaba sin rumbo en una calle prácticamente desierta, a pesar de que tenía claro su destino. El sol había dejado de iluminar el cielo tiempo atrás, y ahora la débil luz de las farolas era lo único que le separaba de la imponente y total oscuridad. Se detuvo frente a un local destartalado que conocía bien, pues no era la primera noche que se escabullía para merodear por allí. Aunque en un principio nunca se hubiese planteado formar parte de algo así, últimamente esa idea no paraba de rondar por su cabeza, ocupando la mayoría de sus pensamientos. Se había convertido en casi una necesidad. Después de llamar y esperar varios minutos en el inquebrantable silencio que suponía el exterior a esas horas, le pareció oír ruidos dentro. “Es ahora o nunca”, se dijo para sí misma. Empujó la pesada puerta y entró.
Con paso decidido y aparentando mucha más seguridad de la que verdaderamente poseía, caminó hasta el centro de la sala. Era una estancia acogedora, a pesar de su polvoriento ambiente y apariencia desordenada. Allí podía ver, ahora mucho más nítidas, las figuras que llevaba observando a través del cristal algunas semanas. Ellas le sonrieron de una forma cálida, sincera; parecían realmente emocionadas por ver llegar a alguien nuevo. Sin saber muy bien cómo reaccionar, esbozó una sonrisa forzada como respuesta y se quedó estática en su lugar.
—No te preocupes, entra y ponte cómoda— una mujer no mucho mayor que ella, con unos grandes ojos avellana y un peinado bastante excéntrico, la invitó a pasar—. Perdona por la demora, no esperábamos a nadie más y ya sabes que a estas horas…hay que tener cuidado.
Ella hizo un ademán de cabeza, restándole importancia al asunto.
—No importa, señori…
—Oh—la mujer rio y ella se sintió por un momento avergonzada—nada de eso, aquí no seguimos el protocolo—le tendió la mano y prosiguió—. Soy Mariette, encantada.
—Julie—le correspondió el saludo. La mujer entonces se giró hacia las demás, que habían empezado una conversación trivial.
—Bien, chicas, ¿qué tenemos para hoy? —su tono de voz irradiaba ilusión, y Julie lo notó enseguida—. Recordad que tenemos una invitada a la que sorprender.
—Traigo Veinte mil leguas de viaje submarino—aportó una de ellas— ¿crees que servirá para la ocasión, Mariette? —dirigió su mirada hacia la líder del pequeño grupo clandestino y esta asintió con entusiasmo. Después sus ojos viajaron hasta la recién llegada—¿Qué te parece?
Ella levantó la cabeza con convicción. Realmente estuvo segura de que no se había equivocado al entrar.
—Fantástico.
Acto seguido, la mujer sacó de un armario inmenso al fondo de la sala un libro enorme y polvoriento, con ambas tapas de un marrón desgastado por el tiempo. Lo abrió cuidadosamente, intentando encontrar la última página escrita. Al hacerlo, cogió una pluma del escritorio contiguo y se dispuso a apuntar la fecha: 23 de abril de 1896.
Esa noche, alumbradas por la luz de un apasionante libro de aventuras, estas chicas rieron, conversaron, aprendieron. Rodeadas de libros y de un incontrolable deseo de libertad.
Desde tiempos inmemoriales, la literatura ha sido un imprescindible para la sociedad. Tanto era así que, a lo largo del siglo XIX, mujeres insaciables de conocimiento a las que le era inaccesible una educación y derechos tan fundamentales como poder hablar de política o salirse de sus obligaciones como amas de casa, se unieron. Se reunían en algunos establecimientos por las noches de una forma clandestina, para compartir fragmentos de libros, o tratar temas que les parecían interesantes. Para poder exprimir su curiosidad.
Tal vez es la magia de abrir un libro. Sentir el tacto de las páginas y respirar ese olor que emanan las viejas librerías, escondidas en una ciudad que ni siquiera las recuerda. Es adentrarse en una vida ajena y dejar de estar en tu piel por un tiempo. Pintar imágenes en nuestra mente utilizando palabras impresas en blanco y negro. ¿Alguna vez te has parado a pensar lo lejos que has viajado con un libro? Es esa sensación de regresar al origen para poder avanzar un poco más. Tal vez porque nuestro objetivo en la vida es ese, seguir adelante. Y no hay nada que nos pueda ayudar más que un libro. Al menos, es lo que yo creo. En parte porque ellos me han enseñado a imaginar, crear, sentir y pensar.
Piénsalo, al fin y al cabo, somos nosotros mismos los que decidimos la manera en la que queremos escribir la historia de nuestra existencia.
1º PREMIO
MI MUNDO -
Nicolás Rodríguez 2ºA.
Hugo volvía a casa del colegio, comiéndose su bocadillo de mortadela mientras su madre le preguntaba qué tal le había ido hoy el día de clase.
- Hugo cariño, - dijo su madre - ¿qué tal el examen de matemáticas?
- Bien mamá – respondió él.
Hugo era un chico autista y aunque mostrase algunos síntomas de esta enfermedad, sus padres no se daban cuenta de lo que le pasaba. No le gustaba relacionarse con sus compañeros de clase, ya que prefería sentarse a la sombra de un árbol a pensar en sus cosas y a jugar con un cochecito de madera que le encantaba. Por eso los chicos de su clase no se juntaban con él, porque veían a Hugo como un niño raro; un niño raro al que no le gustaba hablar con nadie; un chico que no sonreía por nada ni por nadie; un rarito que estaba todos los días solo, pero él lo prefería así.
Nada más llegar a casa, Hugo se puso a hacer sus deberes, los cuales acabó en menos de diez minutos. Al terminarlos, se puso a jugar con su coche de madera: a tirarlo por la cama, a retarle a unas carreras por el gran desierto del Sáhara – lo cual le parecía una enorme distancia, aunque solamente hubiese recorrido unos escasos metros –, a darle muchas vueltas y luego darle un buen empujón para que se chocase contra el escritorio de su habitación –que tenía mil abolladuras de todos los choques anteriores – etc.
Ese mismo día, Hugo estaba tan cansado que decidió irse a dormir una hora antes de lo normal y, como habitualmente, tuvo un sueño:
En él aparecía un violinista. Le dijo al chico que estaba sordo pero que a pesar de esto, podía tocar su instrumento. Este creó una preciosa melodía, a la que Hugo respondió con un gran aplauso. El violinista se lo agradeció y abrió una especie de portal en el suelo de aquel sueño, y le dijo al niño que se tirase por él, que no le pasaría nada malo. Hugo se fió de aquel violinista sordo y saltó por el portal.
Entonces, pudo ver un texto que decía: ‘’si te sientes mal, aquí podemos ayudarte’’. Acto seguido, apareció un dibujo que parecía realizado por un niño. Este mostraba una cama muy parecida a la de Hugo…Iba a ocurrir algo más en el sueño, pero sucedió…
…que ya era por la mañana y que desgraciadamente para Hugo, a su padre se le había olvidado poner el despertador y le tuvo que despertar rápidamente, sin darle tiempo a asimilar el sueño que había tenido, ni a mirar qué había en su cama tan importante para aparecer en su mente.
Ya había pasado el día, Hugo se dio toda la prisa del mundo para salir de clase corriendo y terminarse rápido su bocadillo de mortadela. Nada más llegar a su casa, se aseguró de que la puerta de su habitación quedaba cerrada y de haber hecho todos sus deberes – los cuales terminó en clase –. Tras haber realizado estas comprobaciones, decidió mirar debajo de su cama para ver por qué había aparecido en su sueño y para averiguar de qué iba ese mensaje.
- Tres, dos, uno… - susurró nervioso.
No podía creer lo que estaba viendo, ¡era el mismo portal que el que le había enseñado el violinista sordo en su sueño! ¡Solo que ahora se encontraba ahí mismo, debajo de su cama! Entonces, Hugo fue a meterse dentro del portal, pero entonces este empezó a moverse, lo que asustó a Hugo. Esperó un rato y volvió a intentar meter la mano, pero no podía. Hugo intentaba engañar al portal haciendo amagues y diversos trucos y artimañas; sin embargo, el portal siempre acababa derrotándole. Finalmente, en uno de estos intentos, Hugo consiguió meter la mano en el portal, pero entonces el portal empezó a temblar y a moverse descontroladamente hasta que… desapareció dentro de la cama.
- ¡No! ¡No puede ser! – gritó Hugo desesperado.
Había tenido el portal delante de sus narices, y ahora había desaparecido. Hugo estaba al borde del llanto cuando entró su madre en la habitación.
- Hugo, ¿qué te pasa cielo mío? – preguntó ella.
- Nada – dijo Hugo intentando disimular la tristeza e indignación que sentía en aquel momento.
- ¿Seguro? - dijo la madre poco convencida.
- Bueno… - respondió él – si que me pasa algo…
- ¡Si es que te conozco demasiado bien! – dijo la madre con cierta alegría – Bueno, ¿qué es eso que te preocupa?
- Pues la verdad es que… - pensó Hugo - ¡He perdido mi coche de madera!
- ¡Ah, tu cochecito! ¿Quieres que te ayude a buscarlo? – preguntó la madre.
- Sí “porfa” – respondió aliviado el chico.
Tras una larga búsqueda del coche de madera y tras encontrarlo, Hugo acabó destrozado y decidió irse a la cama. Pero esta vez tuvo otro sueño, uno que le iba a llevar a otra realidad, a otro mundo, a su mundo.
Aparecía otra vez el violinista sordo, el cual sonrió a Hugo y dio un fuerte abrazo. Hugo, como era normal, tenía un montón de preguntas, pero antes de que las pudiese formular, el violinista comenzó a hablar:
- Mira Hugo, – dijo el violinista sordo – sé que en tu mundo no estás feliz: tus compañeros de clase te miran y te tratan como a un niño raro, sé que no puedes estar todo el tiempo que te gustaría con tus padres y sé que hay una chica, una tal Natalia de tu clase, que te gusta y sé que por culpa de tu falta de relación con los demás, debido a tu enfermedad, nunca le has dicho lo que sientes por ella. Pero aquí, todo eso puede cambiar: Aquí olvídate del autismo, ¿qué es el autismo? – dijo sarcásticamente – ¡Nada, porque aquí no existe tal cosa! Aquí podrás estar con tus padres tanto como desees ya que aquí no existe el trabajo. Y a esa chica, ¡ya puedes decirle lo que sientes! ¿Qué me dices compi? ¿Te quedas aquí conmigo y con los demás o te vuelves a tu triste mundo? Por cierto, escríbemelo en un papel, que ya sabes que soy sordo.
Entonces, a Hugo se le vinieron un montón de ideas a la cabeza: ¡Aquí podría estar con sus padres, jugar con sus amigos y olvidarse de su enfermedad! Pero, si se quedaba allí, dejaría solos a sus padres en el otro mundo y, qué pasaría con ellos, ¡¿pensarán que me habré muerto o que he desaparecido?! Tanto tardó en tomar la decisión, que el violinista sordo volvió a decirle algo.
- Vale, te lo pongo más fácil. – el violinista le brindó una especie de poción – Si quieres quedarte aquí, solo tienes que tomarte esta pócima del sueño eterno.
Hugo estaba muy nervioso y no sabía qué hacer; entonces, recordó los momentos felices que había vivido con sus padres en el otro mundo, en el mundo real, y eso le hizo recapacitar. Estaba muy bien tener un mundo que tuviese todas esas facilidades y todas esas cosas que le hacían feliz, pero él quería luchar por eso, quería luchar para vencer a su enfermedad y poder jugar con algún amigo. Quería luchar por ver más a sus padres, no quería que se lo diesen todo regalado.
Entonces, Hugo tiró la poción al suelo y… se despertó.
Su padre entró en la habitación a la mañana siguiente para despertarle y Hugo aprovechó la ocasión para contarle la historia de su sueño a su padre. Este pensó que su hijo tenía una imaginación desbordante, y le formuló la siguiente pregunta a Hugo:
- ¿Y por qué no te quedaste en aquel mundo de tu sueño?
Hugo podía haberle explicado muchas cosas que sucedieron, pero su respuesta final fue:
- Porque no estaba mi coche de madera. FIN
2º FINALISTA.
¿PARA QUÉ LEER?
Alejandro Santos Romero. 4º ESO.
Condoriano, valiente guerrero del mar, cazador de piratas y hombre admirado por la gente de todas las naciones y países, capaz de vencer a cien hombres con una sola mano. Tris Prior, insurgente contra una sociedad que perseguía a toda persona que no cumpliera con sus estándares. No solo hablamos de ellos, sino también de otros pequeños héroes y heroínas que en su día a día demuestran acciones por las que son considerados los justicieros de sus propias historias. Incluso los malvados pueden ser los que luchan a favor de una revolución contra el orden. ¿No te parece impresionante? A mí me encantó.
Poco a poco en mi vida he llegado a la conclusión de que todas estas obras están escritas con un fin, ya no solo entretener a un lector como puedo ser yo, o como puedes ser tú, sino otro distinto, un mensaje que nos haga reflexionar si es así como queremos que sea nuestro mundo; en sí misma, la literatura puede ser una de las armas más temibles contra las normas y los cánones, ya que cuestiona aspectos tan abstractos como la seguridad o la confianza, la ética, el amor, el valor o el propio sentido del bien y del mal. Esto me cautivó, el poder utilizar la lectura como una forma de alejarse del mundo real, y si la historia es capaz de lograrlo, eres el protagonista. ¿Quién no ha pensado alguna vez, cuando el protagonista está a punto de tomar una decisión importante, lo que haría él mismo?
De estos personajes he aprendido muchas cosas, por poner un ejemplo; de Tris, que ser diferente te hace especial. Esto me ha servido bastante en mi vida diaria, llegando al punto en el que dejó de importarme lo que piensen los demás, difícil, pero es otra característica de la literatura, te puede animar a hacer algo diferente, a no dejarte pisa. Si este personaje ha podido superar la situación en la que yo también estoy ¿por qué no iba a poder yo?...
¿No te ha pasado alguna vez, leyendo, que te has encariñado con un personaje, conoces absolutamente todo de él y te sientes identificado con él? A lo largo de un libro logras empatizar con los personajes, pero más importante, luego en tu entorno serás más capaz de hacerlo, empatizar con las personas a tu alrededor.
¿A quién no le ha sorprendido alguna vez el héroe cobarde que termina salvando al mundo y superando sus miedos? Nos enseña a luchar contra ellos, a no sentirnos mal con nosotros mismos y luchar con todas nuestras fuerzas contra aquello que consideramos aterrador o injusto. Nos enseña que el valiente no es quien no tiene miedo, sino el que lucha y lo vence. ¿Quién no se ha avergonzado alguna vez de un miedo? ¿Cuántos todavía nos sentimos mal por tener algún miedo que superar? Estas historias muestran que todo el mundo tiene miedo, y todo, digo todo el mundo, puede superarlo. Quizá por esto la literatura es capaz de atrapar a tantas personas.
2º FINALISTA.
EL SIGNIFICADO DE LA FELICIDAD.
Aitana Hernández. 2º ESO.
Damián , era un niño de 11 años nacido en Navarrevisca, un pequeño pueblo de Ávila, donde vivió parte de su infancia. Pero cuando cumplió los 4 años sus padres tuvieron problemas y acabaron separándose. Por culpa de esta repentina separación Damián se fue a vivir a Madrid con su madre, viendo así sólo dos findes de semana al mes a su padre quien siguió viviendo en aquel pequeño pueblo. Con el paso de los años Damián se fue convirtiendo en un niño mimado ya que sus padres trataban de que Damián tuviera todo lo que quisiera con tal de ganarse su amor .Damián no sabía lo que de verdad significaba la felicidad, él entendía que lo más importante era tener todo los juguetes, muñecos etc...
Hasta que un día, cuando Damián volvía a casa del colegio, notó que se iba haciendo más pequeño hasta el punto de medir unos 20 centímetros. Se iba chocando con todo y apenas podía avanzar unos metros. Cuando Damián pensó que nada podía ir peor, una nube cargada de agua cayó sobre el diminuto Damián. Se fue corriendo a refugiarse a la casa más cercana, una pequeña casa humilde en la que vivía una familia. Esta estaba formada por dos niños, una mujer (la madre ) y un hombre (el padre). Vivían los cuatro felices en esa pequeña casita sin importarles lo grande que fuera. Al entrar, Damián pensó: qué familia tan poco afortunada. Aunque, con el paso del tiempo y viendo lo felices que eran esos niños teniendo un juguete para los dos, fue poco a poco cambiando su forma de pensar, aunque él seguía opinando que la suerte estaba de su parte.
Una vez pasada la tormenta, Damián pudo salir a la calle aunque ya no sabía dónde estaba y no recordaba qué camino tomar para volver a su casa. Anduvo durante unas horas tratando de pensar por donde estaba su casa, pero no conseguía recordar nada. Cansado de andar se sentó a descansar sobre una mochila sin saber lo que le esperaba. Y se quedó dormido .
Al despertar, Damián vio que ya no estaba en la calle, ahora estaba en una casa gigante llena de juegos, coches, etc. Al verla, Damián pensó en lo parecida que era esa casa a la suya y lo afortunado que tenía que ser aquel niño. Pero cuando fue fijándose vio que no tenía tanta suerte como él creía. Se dio cuenta de que solo vivía con su madre, su padre les había abandonado hace mucho y su madre estaba trabajando todo el día para darle todo lo que necesitaba y todo lo que quería. Y fue ahí cuando se dio cuenta de que ese niño no quería juegos ni consolas, ni nada material… necesita el amor de un padre, necesita ese amor que tenían los niños de la casa en la que había estado antes. En esa casa humilde, necesita una familia.
Pasadas las horas, el tamaño de Damián fue volviendo a la normalidad, por fin se había dado cuenta de que, lo que le pasaba al niño “afortunado” era algo que a él siempre le había pasado, pero de lo que no era consciente. Así fue como Damián descubrió que la felicidad no consistía en cosas si no en momentos, en amor, en familia y que no era tan importante el tamaño de las cosas, porque en esa pequeña casa humilde había algo mucho más grande, había un amor de familia, lo que en la casa gigante no había .
Cuando llegó a su casa, Damián lo primero que hizo fue darle un abrazo a su madre y le pidió por favor que no quería más regalos, quería momentos. Damián lo que quería era dejar de gastar su tiempo en jugar con cosas insignificantes y volver a tener ese cariño que desde hace mucho no tenía .
Damián se había dado cuenta, ser afortunado no dependía de las cosas si no de los momentos en familia, las alegrías, las risas y sonrisas ...
3º FINALISTA
EL NARANJO
Iciar Herance. 1º ESO
Alejandra era una niña de cinco años, era muy inquieta, cariñosa y bastante lista. Alejandra vivía en Boadilla Del Monte, un pueblo de Madrid, con su mamá Cayetana y su papá Pablo. A ella le encantaba estar con sus primas Martina y Valeria y siempre que podía le pedía el móvil a su papá para hablar con ellas. Los papás de Alejandra se distanciaron, es decir, se separaron. Alejandra no era consciente de eso y ella decía sonriente que tenía dos casas. Cuando se quedaba con su papá tenía que irse con su abuelo ya que su papá trabajaba.
Su abuelo Genaro era un hombre mayor de setenta y seis años. Para Alejandra era como un super héroe, le quería muchísimo ya que pasaba la mayoría del tiempo con él. Por las mañanas le daba de desayunar su leche con galletas, después la llevaba al colegio y al regresar a casa compraba el pan y se quedaba sentado al sol porque casi era verano. A las 12:30h su abuelo iba a por ella al colegio y se iban a comer. Ella siempre preguntaba nada más salir “¿hay sopa?” y su abuelo se reía. Al acabar de comer se tumbaban en el sofá a ver los dibujos hasta las 15:00h que tenía que volver al colegio. El abuelo se iba a casa a descansar un rato mientras veía su novela favorita en la televisión. A las 17:00h se iba a recogerla y la llevaba un bocadillo de jamón como le gustaba a ella, se quedaban en el parque hasta las 20:00h que venía su padre a por ella y así todos los días.
Llegaron las vacaciones de verano, su abuelo fue a recogerla como normalmente y le dijo ¿quieres ir al pueblo?, ella muy contenta respondió ¡sííí!.. Alejandra preparó su maleta con ayuda de su abuelo muy ilusionada, y a los tres días se fueron al pueblo Peñalsordo, que estaba en la provincia de Badajoz. Fue un viaje largo, pero ella fue dormida. Cuando llegaron su abuelo empezó a saludar a los vecinos y Alejandra sonriente les daba dos besos a todos. Su abuelo sentía una alegría que no le entraba en el pecho, estaba en su pueblo y con su niña, no podía pedir nada más. Al día siguiente, Genaro se levantó pronto para hacer una tortilla de patatas y cortar fiambre porque se iban al sitio favorito del abuelo, El Naranjo, que era el campo que había tenido la familia de Genaro durante toda la vida. Dieron un paseo por el campo y él le iba contando sus anécdotas de pequeño; decía “mira, Alejandra ahí me caí de pequeño y me hice una brecha”. Segundos después Alejandra dijo “abuelo yo quiero tener aquí una casa”, esa era la ilusión de toda la vida del abuelo, nunca se había atrevido, pero después de que se lo dijera su nieta, se puso manos a la obra. Fue anocheciendo, se montaron en el coche y se fueron a casa. Cenaron y se acostaron. Cuando ya estaba cada uno en su cama, Alejandra se levantó y se metió en la cama del abuelo y le dijo “abuelo gracias”. El abuelo entre sonrisas y alguna lagrima preguntó “¿por qué cariño?”. Ella respondió “por todo, por irme a recoger al colegio, por darme de comer, por llevarme al parque…”, el abuelo se emocionó y la abrazó fuerte, finalmente durmieron juntos.
A la mañana siguiente Alejandra se despertó más pronto que el abuelo, arrimó la silla a la encimera de la cocina y cogió una taza del escurridor que estaba al lado del fregadero. Se bajó de la silla, cogió la leche y llenó la taza, sacó unas galletas y le hizo el desayuno al abuelo. Poco después él se despertó, fue a la cocina y al ver todo eso empezó a reírse. Se sentó en una silla, cogió a su nieta y le dijo “gracias por todo”, ella respondió “¿todo el que?”, a lo que contestó seguidamente el abuelo “gracias por quererme y por hacerme feliz”. Alejandra nunca había visto llorar a nadie de alegría, hasta aquella mañana. Se vistieron y fueron a por churros para completar el desayuno. Rápidamente pasó la semana. Llegó Pablo el papá de Alejandra al pueblo y el hijo repitió las acciones del padre (saludar a los vecinos…). Esa noche Alejandra durmió con su padre. Al día siguiente fueron al campo y se bañaron en una alberca con agua limpia. Una alberca es como una piscina de cemento donde se dejaba antiguamente el agua, pero ellos siempre la limpiaban y se bañaban. Fue un día muy divertido y caluroso por lo que decidieron repetir el plan al día siguiente. Fueron al campo, pero su abuelo se cayó y se le puso una zona de la cara morada.
El verano se pasó en un santiamén y cuando se quisieron dar cuenta era septiembre, vuelta a la rutina. El abuelo no sabía qué le pasaba, pero no se encontraba bien, no quiso preocupar a nadie y no dijo nada. Pasaron los días y Genaro se encontraba peor, pero al al cabo de un mes se recuperó y pensó que habría sido el cansancio y el calor del verano. A finales de septiembre el abuelo llevó a Alejandra al colegio como normalmente, pero de vuelta a casa su abuelo se mareó. Al llegar al hospital abrió los ojos y empezó a decir: “¡mi nieta, mi nieta!”, pero segundos después se tranquilizó, preguntó “¿dónde estoy?”…El doctor le explicó que estaba en el hospital, le había traído un hombre llamado Pedro. El médico continuó hablando “te mareaste en un parque”, el abuelo no recordaba nada, solo a su nieta y a su hijo. Genaro permaneció allí unos días, pero no mejoraba.
Alejandra fue a verle, ella no sabía dónde estaba, lo que sí sabía es que llevaba mucho tiempo sin ver a su abuelo. Ella decía que estaba en un sitio con mucha gente triste y entre esa gente triste estaba su abuelo. No le había visto así nunca, el abuelo abrió los ojos, se puso a llorar, Alejandra no entendía nada.
Tres días después su padre estaba muy triste y le dijo Alejandra “Papá ¿qué te pasa?”. Pablo contestó: “nada, cosas de mayores”. Alejandra añadió “pero si yo soy mayor” y sonrió. El padre la cogió, la abrazo y le dijo “el abuelo Genaro ya no está, se ha ido al cielo”. Ella preguntó ¿y qué hace allí?... Su papá le explicó que se iba a quedar allí para siempre, que nunca más le iban a ver. Alejandra no podía evitar llorar porque aunque lo entendía, no lo llegó a asimilar. Dos meses después Alejandra había conseguido superarlo, cuando alguien le preguntaba por su abuelo decía que estaba sonriendo en el cielo. Cuando llegó a casa su papá tenía un regalo para ella, era una perrita a la que llamó Gala, era muy bonita y prometió quererla tanto como había querido a su abuelo.
Dedicado a todos los abuelos y abuelas. ¡Querámoslos mucho!
3º FINALISTA
¿PARA QUÉ LEER?
Natalia Flores. 3º ESO
Normalmente no nos paramos a pensar en nada, simplemente sacamos de nuestro bolsillo o mochila cualquier aparato tecnológico y fijamos nuestras pupilas en una diminuta pantalla que es incapaz de transmitir nada. A mi en particular me parece triste, que nadie hable de un buen libro o una poesía que le emocionó el otro día. Cada día somos más “menos”. Estamos cada día más cerca de convertirnos en unos simples robots oxidados y sin sentimientos; y menos de ser humanos. Los niños piensan que el colegio es aburrido, que leer es aburrido, que aprender es aburrido, que escribir y desarrollar la creatividad es aburrido. Deberíamos escuchar más a los grandes poetas de la Antigüedad y aprender un poco de ellos, no creer saber algo sin tener certeza de ello. Somos incrédulos al creer saber qué es y qué no, útil. Una palabra muy usada en la vida diaria de las personas, pero de la cual poca gente sabe cierto significado. No me dejo llevar por el significado de esta palabra por el diccionario, si no por grandes filósofos y pensadores de la Antigüedad, que a partir de textos que en su día tocaron mi fibra sensible, me hicieron pensar en que no todo lo “útil” es útil, y todo lo “inútil” es inútil. Miremos desde otro enfoque. Quizá los móviles no sean tan útiles para por ejemplo, desarrollar una parte de nuestro cerebro llamada lóbulo frontal, el cual desarrolla todo lo que nos distingue de un perro, un robot o cualquier otro animal, algo llamado “pensar”. Me rio de todos nosotros estúpidos, enfermos del trabajo, que no sabemos valorar lo que grandes mentes nos han otorgado. No valoramos el arte llamado conocimiento, que nos nutre de sentimientos. Si no comprendemos la utilidad de lo inútil, llamado así por la sociedad, no sabremos reír de verdad y donde no se ríe, se odia. Tengo que mencionar también que uno de los ejemplos en los que se nos muestra que un artista será más criticado que un hombre de negocios es en el programa de televisión de Bob Esponja. Creo que no soy la única persona que se ha dado cuenta de los momentos en los que Calamardo, el artista de la serie, toca el clarinete. La gente le tira piedras y le critican; mientras que aun sabiendo todo el mundo que el señor Cangrejo es un tacaño, le aclaman por maltratar a sus empleados para conseguir un beneficio. Es un ejemplo bastante claro que les enseñan a los niños pequeños. Ahora entiendo que pocos niños quieran ser compositores, escritores, poetas, en general pensadores y artistas. Desde aquí os aconsejo que prestéis atención a una frase que dijo, muy a favor de la humanidad pensante, Platón: “El comportamiento humano deriva de tres fuentes principales: el deseo, la emoción y el conocimiento”. Sin dos de estas, no seriamos más que máquinas programadas para recibir órdenes. No estoy en contra de las nuevas tecnologías, pero sí de lo absortos que nos tienen de lo realmente importante para el ser humano desde el principio de los tiempos, evolucionar, como personas, llenas de cultura, arte y sentimientos. Empecemos a diferenciarnos de los robots, leyendo, escribiendo, componiendo o incluso simplemente pensando.

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